He pasado por encima del reciente TGS con más apatía que otra cosa. Apatía, sueño, y algunas de esas cervezas de más con las que acompaño las atroces conferencias con las que las compañías nos aburren feria tras feria. Sin embargo, durante el evento de Nintendo se me encendió el detector de juegos apetecibles entre tanto material ya conocido. El afortunado, un JRPG de aspecto bastante clasicote con uno de los nombres más terribles que he visto últimamente, Bravely Default: Flying Fairy.

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