He de reconocer que, pese a gustarme el género shooter y la acción borrica como al que más, la saga Gears of War nunca fue santo de mi devoción. Me gusta con moderación, me gusta a nivel de disfrutar de las campañas una o dos veces –ese cooperativo es sensacional- y a otra cosa. Quizá el exceso de hormona y la espectacularidad superlativa me dejen saciada a la segunda cata. Quizá también, a la hora de dedicar tiempo al noble arte de pegar tiros, prefiera otros exponentes del género con mecánicas más estilizadas. Pero lo que sà he de reconocer es que a la hora de dar espectáculo, de vitaminar la acción que como jugadores ejecutamos activamente, de nutrirla y magnificarla con un decorado móvil de destrucción y epicidad que brota, fluye y se convulsiona a cada paso que damos, los chavalotes de Epic Games se desenvuelven de maravilla y nos saben dar placer como (casi) nadie…

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