Es común que el mercado invierta esfuerzos y esmeros en parir productos rematados por el buen toque de lo estéticamente agradable. Ya sea como reclamo superfluo, como parte esencial de las intenciones globales de un producto, o como práctico único motivo, ese recrearse en la estética que puede verse y disfrutarse en trabajos como Journey o Child of Eden; trabajos en los que el objetivo, común a todos los videojuegos, de entretener, se da gentilmente la mano con otro más cercano a la persecución de emociones mediante una combinación de elementos multilenguaje que pueden ser de diversa naturaleza, pero que guardan en común un cuidado extremo por lo estético/artÃstico.
Hasta ahà bien, es una tendencia que aunque minoritaria, existe, se aplaude, se critica o se alaba con más o menos pasión por parte de público y prensa. ¿Pero qué hay del extremo opuesto? ¿Qué ocurre, dentro de este nuestro querido mundo videojueguil, y si quisiéramos adentrarnos en las fauces desdentadas de LO FEO? Yo siempre fui muy amante de descalabros, fracasos, tropiezos, y en general, de todos aquellos errores de la madre naturaleza o la propia mano humana, siempre me ha gustado recrearme en el feÃsmo como una poderosÃsima fuente de estÃmulos. No siempre agradables, claro, pero no es eso lo importante.
Existen, aunque en un número mucho menor del que serÃa deseable, unos cuantos tÃtulos que hacen gala de este feÃsmo de forma más o menos intencionada. En ocasiones, el hecho de que un juego sea rematadamente feo simplemente responde al poco tino de los diseñadores de turno, a un presupuesto tirando a mediocre o en general a una producción descuidada. Pero hay otros casos, otros gloriosos ejemplos y son los que más me fascinan, de tÃtulos cuyo apartado visual es el fruto de un deliberado proceso de búsqueda de la fealdad. Es maravilloso.
Leer el artÃculo completo en Videoshock


Categorías:
Etiquetas: 


