Reseña At a Distance

Cuando uno empieza a jugar a At a Distance no puede evitar pensar que ha cometido un error en el momento de la descarga. ¿Es posible que “esto” sea el nuevo videojuego del creador del brillante VVVVVV, el reconocido Terry Cavanagh?

 

 

A grosso modo, At a Distance es un videojuego de exploración en primera persona para dos jugadores conectados por red, a los que se recomienda jugar uno al lado del otro.

Durante los primeros momentos de juego ya se empiezan a notar algunas de las señas de identidad de este título: el turbio aspecto gráfico hace de la exploración una experiencia confusa, el control no resulta para nada cómodo en las poco elaboradas zonas de plataformeo y la aparente falta tanto de trama como de contenido jugable pueden hacernos pensar que estamos jugando a una versión no terminada del juego.

La experiencia jugable empieza violando una de las convenciones más antiguas de los videojuegos con diferente punto de vista para cada jugador: el juego incentiva que cada jugador mire a la pantalla del otro e intente interpretar lo que ve en ella (de ahí que se recomiende a los usuarios jugar codo con codo). Cada jugador se encuentra en un escenario distinto, sin ningún nexo aparente entre ambos mundos, más allá del austero y críptico apartado artístico y la nula dirección que se da al jugador.

 

 

La experiencia de vagar por las monocromas salas de At a Distance sin saber qué hacer es, cuanto menos, tenebrosa. La falta de la relación causa-efecto en la interacción amplifica lo inquietante de la atmósfera creada con el apartado sonoro.

Caerse por un barranco para volver a aparecer por el techo. Quedarse quieto y ver las paredes desvanecerse mientras suena un creciente ruido blanco. Acabar apareciendo en otra estancia de violento color sin motivo aparente. Observar la repetición de algunas estancias sin que haya un patrón reconocible. Sentirse desorientado a medida que el escenario se dibuja a pocos metros de la cámara.

Por momentos, la experiencia de juego se vuelve realmente lovecraftiana, acercándonos a las insondables dimensiones de geometría no euclidiana de las que hablaba el escritor de Providence… hasta que los jugadores empiezan a hacer pequeñas conexiones.

Súbitamente, la consecutividad de las salas ya no resulta tan aleatoria, la interacción de un jugador se intuye relevante en la del del otro, y un cierto sentimiento de significado invade la experiencia de juego a medida que los hasta entonces insípidos escenarios empiezan a parecer evocar lugares o memorias perdidas.

 

 

Y hasta aquí puedo hablar del aspecto puramente jugable sin spoilear el juego, pues el secreto del mismo reside en averiguar cómo interactuar con su abstracto mundo.

At a Distance es una experiencia a vivir entre dos, un juego de exploración e interpretación cuyo núcleo jugable se encuentra fuera de la pantalla del ordenador. Las teorías que los jugadores vayan formulando y la posterior experimentación son el verdadero centro de atención de la última creación de Cavanagh.

Una vez llegado el momento Eureka, los jugadores empezarán a saber interpretar las decisiones tomadas por el diseñador del juego.

Las secciones de plataformeo no son en absoluto memorables, los controles no responden de la manera deseada, ni los gráficos son atractivos… Y precisamente ese cúmulo de fealdades deliberadas es lo que evita que el jugador desee centrarse en lo que ocurre en la pantalla (como haría en un juego tradicional), dirigiéndole hacia una inevitable conversación con la otra persona que juega.

Conjugando estas imperfecciones, At a Distance aspira a una cierta pureza experimental, intentando evitar caer en lo entretenido o lo comúnmente reconocido como “divertido” por el jugador medio.

La riqueza de la experiencia se encuentra fuera del videojuego, y es por eso que lo que se halla dentro en pantalla no debe distraer al jugador, sino potenciar el debate y la colaboración en la elucubración de teorías.

 

 

Habiendo resuelto el misterio de la interacción, los jugadores terminarán el videojuego en pocos minutos. En este último tramo la exploración cobra sentido y la intencionalidad del juego se vuelve más tangible. El juego pasa a ser disfrutable en un sentido más clásico, y la curiosidad por lo que está por ocurrir forzará a los jugadores a llegar a su desenlace, superando el mareante momento de confusión inicial.

At a Distance no sirve únicamente como un genuino ejemplo de cómo derribar la cuarta pared mediante métodos poco convencionales, sino que es también un necesario recordatorio de que aún queda mucho terreno virgen por explorar en el mundo de los videojuegos. [7/10]

 

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Un comentario para “Reseña At a Distance”

  1. avatar TiburonVerde dice:

    Tengo que decirlo ¡Putos modernos! y dicho lo cual habrá que darle un tiento cuando encuentre de entre mis allegados a alguien tan poco casual como para no echar a correr cuando vea la pantalla de título.

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