Análisis Bit. Trip Runner

Mete en una coctelera la fórmula arcade-musical de Bit Trip Beat, añádele otra buena ración de píxeles gordos como balones de Nivea, sirve la mezcla en una copa de Canabalt, y adereza con dos pellizcos de dificultad fuerte, de esa que pica pero gusta. El resultado es Bit. Trip Runner, un adorable vicio que desearás no haber conocido. Para los que sean nuevos en la serie, o no conozcan las referencias citadas, diré que el título que nos ocupa es un arcade-musical de plataformas estructurado en niveles muy breves.

 

 

Partiendo de la base de que cada nivel es una especie de circuito, el objetivo del juego consiste en lograr que Commander Video llegue a la meta, sorteando por el camino toda una serie de obstáculos malintencionados durante una loca carrera automatizada. O lo que es lo mismo, mientras el monigote corre de manera automática hacia la meta, nuestro cometido es asegurarnos de que la alcance a base de saltar, agacharnos, destruir obstáculos, repeler proyectiles y recoger diferentes power-ups. Todo ello a gran velocidad, poniendo a prueba nuestros reflejos felinos. Por su parte, cada acción que realizamos posee un efecto sonoro propio que se irá mezclando con la melodía principal, llegando a alcanzar el status de clímax cuando los obstáculos, la tensión, la música y el color aumentan de intensidad y velocidad, formando un todo homogéneo.

 

 

Uno de los principales méritos que ostenta el juego de Gaijin Games es su elegantísima capacidad para humillar. Bajo la simplicidad de su mecánica se encuentra una dificultad sutil, endiablada, que nos hará morder el polvo una, y otra… y otra vez. Yo no sé si los años o la mala vida están ya haciendo mella en mi actividad neuronal y la conexión ojo-mano no es tan veloz como antaño, pero el caso es que en más ocasiones de las que me hubiera gustado me he visto tentada a abandonar por puro berrinche. La dificultad es elevada y en esta ocasión, a diferencia de lo que experimentamos en otros títulos de la serie, el ensayo y error será más importante que nunca, algo que no es del todo bueno. No es bueno por una sencilla razón, y es que muchas veces esta mecánica de aprendizaje mediante tropiezos se convierte en la única posible a la hora de  progresar, lo cual equivale a memorizar, a la obligatoria repetición, dejando a un lado la pura, simple y tan necesaria habilidad, ya que muchos de los obstáculos aparecen en nuestras narices sin tiempo alguno de reacción. Desde luego no es la mejor idea del mundo para un juego de este tipo, sino más bien parece una estrategia ligeramente ramplona para alargar la vida del juego. Y desde luego una totalmente innecesaria.

 

 

Una vez mencionado el que quizá sea el principal escollo para los jugadores menos pacientes, no queda más que destacar las cosas buenas de la cuarta entrega de la serie de juegos Bit Trip que tan gratos resultados ha obtenido y sigue obteniendo. Nuevamente la sencillez en el planteamiento, la pulsión arcade, la mezcla de música, acción y color como motor principal de la experiencia, vuelven a actuar como un particular canto de sirena. Morir y maldecir es una constante, pero cuando consigues terminar esa fase en la que tu dignidad y tu orgullo quedaron encallados días atrás, la euforia es máxima.  La sensación de fusionarte con la música y los colores mientras ejecutas cada movimiento con la precisión de un esgrimista es francamente potente y capaz de sumirte en un estado de tensión/euforia muy estimulante.

El título es, a grandes rasgos, satisfactorio, pero carece de ese toque de inspiración característico de los productos redondos que sí alcanzó Bit. Trip Beat. A pesar de ello, Runner constituye una experiencia arcade divertida y desafiante que recomiendo abiertamente a los que disfruten de este tipo de propuestas. [7/10]

 

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Un comentario para “Análisis Bit. Trip Runner”

  1. avatar cyber2 dice:

    Un juego bastante majo, pero que tiene el problema de que te obliga a repetir una y otra vez cada fase al más mínimo fallo, tal como comentas. Esa repetición y la obligación de tener que memorizarlas, acaba aburriendo. Aún así, tiene sus momentos divertidos.

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